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Daniel Melero es un músico polifacético, productor, teórico, o como el mismo se define, un rockero contemporáneo. Su influencia al rock nacional es invaluable.



Su trayectoria musical se inicia en 1980...

"yo no sabía cómo se hacía para tocar. De ser público quería pasar a ser músico. Entonces contestaba todos los avisos del Expreso Imaginario, aunque pidieran trompetista. Salió uno de Richard que pedía gente que escuche a Bowie y a Visage. Y llamé."
    El que relata sus comienzos de esa manera es nada más y nada menos que Daniel Melero, músico (no-músico) nacido en el barrio de Flores en la Ciudad de Buenos Aires el 12 de enero de 1958. El Richard al que se refiere es Richard Coleman, compositor y guitarrista, con el que pronto emprendería varias travesías musicales.
    La carrera de Melero había empezado tímidamente poco antes de su encuentro con Coleman: "Mi primer show fue en el año '80, con una banda que se llamaba David Vincent," cuenta. "Era un dúo con Ulises Butrón. Yo tocaba dos grabadores Revox y un sintetizador, y me ocupaba de la consola, y él tocaba la guitarra. A la usanza de (Robert) Fripp y (Brian) Eno. Después hubo un tiempo en que yo tenía una casa en la que ensayaba y adonde pasaron... muchos. Ahora me doy cuenta quiénes pasaron y veo que son como... celebridades, de alguna forma. Pero bueno, éramos los que éramos."
    Por esa época, Melero había montado un estudio en una vieja casona que su padre tenía en el barrio de Flores. Apenas vio el aviso de Coleman, lo llamó. Se conocieron tiempo después en la casa de Flores, donde también se encontraban Ulises Butrón, Hugo Foigelman, Mario Siperman y Ricky Sáenz Paz. Pronto, Melero, Coleman y Butrón formaron Siam, que se convertiría en Metrópoli con la incorporación de Isabel de Sebastián y Celsa Mel Gowland. Melero y Butrón participaron también en un demo de lo que sería Soda Stereo. "No me acuerdo de cómo aparecieron Ulises y Melero," afirma Gustavo Cerati, "pero los recuerdo en la sala de ensayo por primera vez a los dos tocando. Me habían parecido fantásticos. Melero apareció locuaz, como es él, y nos dijo elogios muy impresionantes. Y lo escuchabas tocar y decías: este tipo no puede tocar una sola nota. Sin embargo, lo hacía bien, y su presencia era importante. Después fueron armándose los caminos de cada uno."
    El camino de Melero estaría relacionado principalmente con el de Los Encargados, considerado el primer grupo techno de la Argentina. Sus tres miembros originales eran Melero, Mario Siperman y Luis Bonatto. En 1982, tuvieron la desgracia de ser programados para el festival B.A. Rock en la misma fecha que Riff. Según relata Gloria Guerrero, "Los admiradores del heavy metal se portaron muy desconsideradamente con los muchachos de mamelucos a lo Devo, y de un monedazo le abrieron la frente a uno de ellos, que debió ser atendido por la Cruz Roja." Bajo los diversos proyectiles arrojados al escenario, Melero logró cantar, bien que mal, "Trátame suavemente", tema que, coincidentemente, le había sido inspirado por la imagen del general Leopoldo Galtieri arengando a las masas que colmaron la Plaza de Mayo durante la infame Guerra de Malvinas.

Eduardo Berti describió a Daniel Melero con las siguientes palabras: "Es algo así como el Brian Eno argentino. Es el primer no-músico que sin ninguna vergüenza, más bien con orgullo, ha proclamado su impericia como instrumentista. Es el adalid de una nueva tecnología (samplers, sintetizadores, secuenciadores) frente a la cual no se ha deslumbrado sino que le plantea constantes cuestionamientos. Es quien más lejos ha llevado en el rock argentino el concepto de que cualquier configuración sonora puede ser música."
    Por eso mismo, por su curiosidad insaciable, por su natural tendencia a la obliteración de los límites y barreras musicales, Melero es también uno de los grandes camaleones del rock argentino. Lentamente, además, se ha convertido en uno de sus notables hacedores de canciones. Incluso debajo del particular sonido de Los Encargados, las canciones de Melero se presentaban como diamantes en bruto: bastante bien para un no-músico.
    "En la secundaria leí un libro que recopilaba opiniones de Dalí," explica. "Se llama Confesiones inconfesables. Allí da algunos consejos a los artistas que recién comienzan y lo primero que dice es 'copiar, copiar, copiar'. Yo lo intenté pero no me resultó porque casi no tenía formación musical. En realidad, mis primeros instrumentos fueron un grabador y una consola. Por esa época estábamos a punto de formar un grupo con unos amigos y no estaba muy claro cuál iba a ser mi rol. No se sabía si los iba a grabar o qué. En la sala había un teclado y se me ocurrió preguntar cuál era el LA, y como sabía un poco los acordes de la guitarra, supuse que el que estaba al lado era el SI. De este modo, empecé a tocar. [...] Me parece que mucho más que un músico -en el sentido clásico- soy un oyente que llegó a manejar instrumentos musicales. El tiempo que otros pasaron estudiando música, yo lo pasé oyendo discos. Más que formación diría que tengo información. Por eso creo que soy básicamente un oyente. Desde luego, siempre existió la libertad de encarar cualquier instrumento sin respetar las técnicas. Lo que pasa es que esto se hizo más visible en los últimos veinte años."

Si hay que rastrear la verdadera educación musical de Melero, basta con husmear entre los discos que escuchó siendo un adolescente influenciable. "Recuerdo haber oído Trans Europe Express [de Kraftwerk] en la radio, en La danza de la fortuna," explica. "Era 1974, y quedé fascinado. También fue crucial mi encuentro con Evening Star, de Eno y Fripp, al cual llegué a través de King Crimson; ese disco me hizo sentir como si la música empezara de vuelta. Me demostró que un tipo como yo, casi sin formación musical, también podía crear. A los 12 años, había estudiado guitarra con la profesora del barrio, y era, decididamente, el peor de todos... no podía poner ni los acordes. En 1976, empecé a ir al Teatro San Martín, donde tomé contacto con la música electroacústica. En un negocio de Flores vi una caja rítmica: era mucho más barata que una guitarra eléctrica, así que la compré. Más tarde junté dinero y compré dos grabadores Revox, para tener el mismo equipamiento de Eno; buscaba conseguir los efectos de Evening Star. Recién tiempo después tuve un sintetizador.
    "[Por entonces] grababa ruidos de la calle, o del lavarropas de mi mamá. Cortaba y pegaba las cintas, hacía un loop y obtenía un ritmo sobre el cual me montaba. Ya entonces tenía claro qué era la música concreta. En 1980 escuchaba a John Cage, a quien me acerqué por Eno y porque me interesaron los discos experimentales de John Lennon. Después me compré sintetizadores sin saber aún cuáles eran las notas. De todos modos, en 1977 conocí tres discos que marcaron a fuego mi carrera: 77, de Talking Heads; Never Mind the Bollocks, de Sex Pistols, y Low, de David Bowie."
    "A las fiestas iba con mis discos de Bowie, Eno y Roxy Music, y mis amigos no me dejaban ponerlos. Mucho después, inclusive cuando intentaba ser músico, tenía el mismo problema con la gente con la que me empezaba a juntar. Parece increíble, pero en el '80 o en el '81 aquí todavía se escuchaba a Genesis. Ningún amigo mío había oído a Eno en la década del '70. Cuando tuve Evening Star, en el '76, fue como si escuchara música por primera vez. Tuve la misma sensación que de chico, cuando oí Frutillas (Strawberry Fields de los Beatles), el primer disco que compré. Recién en los últimos diez años voy encontrándome con gente con la que comparto un gusto musical. Pero generalmente no son músicos. Los músicos son muy poco confiables a la hora de hablar de algo novedoso, revolucionario. Los músicos siempre han sido muy conservadores, muy profesionales. En el campo del rock, los grandes discos que han producido procesos de cambio o de desarrollo de ideas nunca fueron hechos por músicos muy diestros."

Ya para 1984 Los Encargados habían incorporado a Alejandro Fiori (en bajo) y Hugo Foigelman (en guitarra y teclados). También participaban ocasionalmente en el grupo Coleman y Butrón. Lograron grabar dos discos para productoras independientes, pero nunca llegaron a estar a la venta. (Uno de ellos contenía una versión techno de "La Balsa".)
    En 1984, Melero participó como tecladista invitado en el disco debut de Soda Stereo, producido por Federico Moura. El trabajo contiene una versión de su "Trátame suavemente".
    Ese mismo año se encargó de producir Orquesta, el disco de Carlos Cutaia que inauguró localmente un género no demasiado visitado por los músicos argentinos: el technopop.
    Por entonces, Melero comenzó a trabajar como productor artístico de otros grupos, pero no abandonó a Los Encargados, que lograron editar su único disco, Silencio, en 1986. El trabajo fue elegido como Mejor disco del año en la encuesta del suplemento Sí del Clarín, mientras que "Sangre en el volcán" fue elegido como Mejor tema.
    En 1987, Los Encargados participaron del festival de la Falda, en Córdoba, en el que fueron proverbialmente mal recibidos. "En Argentina," afirma Melero, "hay muchos problemas con la idea de la autenticidad rockera y el tocar y no tocar. A mí me han tirado 20 kilos de fruta por usar un teclado. Eso es intolerancia hacia lo que supuestamente no encaja con el arte de la performance como es conocido."
    El grupo se disolvió, y en 1988, Melero editó su primer disco solista, Conga, un trabajo anclado en el pop que contiene temas como "No dejes que llueva" y "Canciones de moda".
    Su primer coqueteo con el ambient, Colección vacía, apareció en 1990 a través de su sello independiente, Catálogo Incierto -que editaría a grupos como Todos Tus Muertos, Juana la loca y Los Corrosivos.
    También en 1990, Melero trabajó como productor artístico en uno de los mejores discos de Soda Stereo, Canción Animal. La colaboración se extendió al mini-álbum Rex Mix, de 1991.
    Ese mismo año editó Cámara, que continúa el camino abierto por Conga, en el que la canción pop asoma su cabeza por entre los sonidos de las máquinas.
    1992 vio la edición de una colaboración entre Melero y Gustavo Cerati llamada Colores Santos. El interesante trabajo contiene, entre otros, los temas "Hoy ya no soy yo", "Colores Santos", y el maravilloso "Vuelta por el universo."
    Recolección vacía, un álbum de 1993, reúne una serie de textos escritos en colaboración con Pablo Schanton, acompañados por climas ambient.

En 1992, Melero participó en la grabación de Dynamo, de Soda Stereo, disco que más tarde describiría peyorativamente como "experimentalista", reivindicando a su predecesor, Canción animal.
    Durante toda la década del '90, Melero produciría a algunos de los grupos nuevos más interesantes de la Argentina, desde Babasónicos y Los Brujos hasta Victoria Abril, y descubriría su saludable influencia en las nuevas generaciones. Sus múltiples colaboraciones con músicos muy diversos prueban su amplio rango de acción y su vitalidad: a fin de cuentas, Melero es uno de los grandes trabajadores del rock argentino. En su diccionario no parecen existir palabras como conformismo, o indolencia.
    En 1994, se valió de la guitarra acústica para componer las canciones que conforman el encantador álbum Travesti, entre ellas "La sed", "Resfriada" y "Quiero estar entre tus cosas", canciones que mezclan sonoridades acústicas (piano, guitarra, cuerdas) con las acostumbradas texturas electrónicas.
    En 1995, Melero editó un disco completamente distinto: Operación escuchar, "once tracks de entre 3 y 17 minutos, interpretados con un solo sonido de sintetizador cada uno". Acusado más tarde de autoindulgencia por ese trabajo, Melero declaró: "Más que indulgencia, lo llamaría riesgo. ¿Por qué alguien corre ese riesgo? No lo sé. Tal vez sea una locura. Sentía que el mejor aporte que podía dar a ese presente era ese disco. Pienso que hacer un disco es como levantar la mano para decir miren lo que hice y pedir un poco de atención. A veces apelás a los medios, otras a casi disolverte... Más que autoindulgente, siento que el artista siempre es un vanidoso. Básicamente, lo que te mueve es la vanidad. Tal vez lográs algo a partir de la vanidad. Cuando hice el disco, pensé que era para 500 personas. Esas 500 que vamos a las disquerías y tenemos curiosidad por mirar discos y tapas. Me dirigí a aquellos que no necesariamente eligen lo que tienen que comprar en base a opciones. En general, la gente no elige sino que opta. Opta en el campo del arte, lo cual es una pena, pero no es tan jodido como optar en el campo de lo social y de lo político.
    "Sería ridículo que pretendiera exposición haciendo un disco como Operación escuchar. Sé en qué mundo me desenvuelvo. Pero sentía que era el nivel de sensibilidad que quería aportar a ese presente. Había una escuela del éxito floreciente durante el año '94: quién se iba a abrazar con quién en la TV. Ante ese panorama, preferí la introspección. Fue un disco de búsqueda, de mucho cuestionamiento."

Rocío, grabado en el '96, sería descrito como "otro golpe de dados en el juego del riesgo"; su estilo está relacionado con el easy listening, pero va mucho más lejos que ese género dudoso. Ninguna compañía quiso editar el trabajo y Melero lo sacó por su cuenta -vendió 5 mil copias, y ganó mucho más de lo que había ganado con sus discos anteriores. Al momento de su aparición, Hernán Ferreirós y Gustavo Alvarez Nuñez escribieron con acierto: "Con una discografía de siete títulos en su haber, y el triple, por lo menos, en su labor de productor artístico y colaborador, Melero ha delineado con sus melodías la lenta pero certera obstinación de una imposibilidad. No encajar, silencio, inquietud, en boca del hijo apátrida de Flores, más que palabras son testimonios de una persistencia: el grado cero de una lucha, la memoria del desvío."
    "A veces escucho el disco y me da la impresión de que lo hizo un pibe que tal vez me escuchó," comenta Melero. "Pero es como si dejara de abrevar en mis fuentes para producir algo nuevo. Hay un poco de easy listening. Estuve escuchando los discos que salieron, especialmente el de Martin Denny. Están esos elementos musicales: Henry Mancini, Roberto Carlos. Sin embargo, en Rocío todo tiene un sustrato mucho más oscuro y de vida más compleja que el easy listening. En realidad, el easy listening se relaciona más con la idea de comfort, de progreso, de que íbamos hacia una sociedad de gente feliz que tomaba Martini. En Rocío está la idea de que tomás Martini, pero la sensación es casi existencialista, por momentos oscura. Como si un tipo que cree tener la vida resuelta se pone a beber algo al borde de la pileta y de pronto le agarra un bad trip. Entonces entra en crisis, duda de todo y termina no dándole importancia ni siquiera a eso. De todos modos, soy una persona muy influenciable. Cuando algo me entusiasma intento ir en ese sentido porque siento la vibración de la idea. Aunque mi ineptitud como músico y mis esfuerzos por nunca desarrollar técnicas de músico profesional me desvían y me hacen aparecer en otra situación. Digamos que un músico formado, cuando está deslumbrado por una idea, termina en la misma idea que lo motivó. Aquí en cambio hay un entusiasmo por el desvío. En cuanto veo que se está diferenciando, no hago un esfuerzo por tratar de volver a encauzarlo, sino que digo a ver hasta dónde va esto."
    Algo muy interesante en Rocío es que a pesar de estar anclado en un género que se presta particularmente al acercamiento irónico, está despojado de ironía. Según explica su autor, "En mi vida personal cultivo mucho la ironía, pero me doy cuenta de que no está presente en mi trabajo. [En Rocío] podría haber sido irónico y no lo fui. La ironía no ocupa hasta hoy un lugar en mi sonido. Al ironizar te estás entronando, y no quiero manejar ese tipo de códigos para mi trabajo. Es como jugar a ver si sabés esto o aquello, jugar con el nivel de información. Cuando hago un disco, no estoy tratando de jugar con la información que tengo y la que el oyente podría tener. Es la manera más llana que tengo de presentarme en ese momento. Pudiendo ser más complicado, suelo elegir la sencillez, aunque describa algo complejo. Para mí son cuatro cosas distintas: simple, sencillo, complejo y complicado. Aunque describa algo complejo intento ser sencillo. Mantenerse en la sencillez me parece lo mejor para una canción. Además, es lo que deja más espacio. Cuando se saturan las situaciones, el oyente recibe una carga demasiado estricta, y si no se adapta a ese nivel de audición no cuenta con otro que le sirva. En definitiva, uno compone una canción o hace un disco para ofrecérselo a los demás, aunque sean 500 personas. Pablo Schanton me dijo una vez que comprar discos es comprar tiempo de otros. A mí me gusta dejarle bastante tiempo a aquel que compra mis discos, darle la posibilidad de cargar de manera personal esa música. Cada vez trato de hacer discos que permitan mayor carga personal del que los consume, y dar tan sólo algunos lineamientos para eso."

A fines de 1997, Melero se unió al pianista Diego Vainer (cuya encarnación techno se llama Fantasías Animadas) para realizar una serie de conciertos cuya idea de base era interpretar canciones del primero sólo con voz y piano. "Es un proyecto de los dos," declaró Melero, "y a la vez es una retrospectiva introspectiva: poner las canciones en una esencia diferente, apuntando a lo mínimo. [...] Me encanta la idea de ser el cantante de mi pianista y pasearme entre el público con un micrófono inalámbrico."
    A mediados de 1998, aparecieron en Chile (país al que Melero llegó para producir grupos nuevos y donde su figura es muy respetada), los originales álbumes retrospectivos Daniel Melero 1 y 2. El primero es un disco de remixes, y el segundo registra su colaboración con Vainer. Según relata Melero, "Me había tomado el '97 para reexaminar mis cosas, porque había comenzado a ganarme la idea de que vivimos demasiado anestesiados como para recibir la música. Creo que estamos en guardia todo el tiempo; hay una sensación de falta de sorpresa y demasiados pre-supuestos. Empiezo a ver el agotamiento de las ideas de la música, particularmente del rock; ya no representan un poder para modificarte la vida. En medio de la grabación del álbum fui mutando y comencé a trabajar en lo que ahora es el disco 2, que tiene el material de los shows que monté con Diego Vainer en el hotel Bauen: fui a los estudios Panda, lo grabé y llevé todo a Chile cuando entregué el disco 1. Y dijeron que también les interesaba y lo editaron."
    Melero y Vainer registraron quince temas (trece del repertorio de Melero y dos originales de Vainer/Melero llamados "Dejaré que el tiempo me alcance" y "Buenas Noches"), para lo que en Chile se conocería como Daniel Melero 2 y en Argentina como Piano. Allí se mezclan sin respetar ninguna cronología temas de toda la carrera de Melero, como "Trátame suavemente", "Habitantes", "Cielo" y "Música lenta". ¿Por qué editar un disco acústico y despojado cuando las texturas electrónicas y la sobrecarga lo invaden todo? "Me pareció un gesto interesante en este momento de supuesto furor techno, aprovechar para escapar por la tangente," explica. "Y el piano me resultó una muy buena salida. También era una buena manera de presentarme en el extranjero.
    "Durante mucho tiempo creí que la potencia de mis canciones estaba en el tratamiento sonoro. Cuando las redujimos a su esencia, a los acordes del piano y la voz, las canciones mostraron una fuerza que antes no tenían. No sólo dicen mucho más claramente lo que quisieron decir: dicen otras cosas."
    Justo antes de la edición de Piano, apareció un EP conceptual con cuatro versiones del bellísimo "Dejaré que el tiempo me alcance", interpretadas junto a Fantasías Animadas.

Piano apareció en Argentina en 1999, gracias al sello Ultrapop. "Hace más o menos una década que venía pensando en este disco," le contó Melero al periodista Mariano Valerio. "Creo que el contacto con Vainer hizo que esa idea finalmente bajara. Es un poco injusto que este disco lleve mi nombre porque es un disco hecho a dúo. Lo que vi en Diego es un pianista en donde se conjugan el músico de formación con el muchacho que conoce cómo funciona el panel de un sintetizador."
    Piano no contiene sobregrabaciones: fue grabado mientras ambos músicos tocaban en vivo. "Los discos son cinematográficos," explica Melero. "Tienen mucho de edición y de posproducción, y de alguna manera siempre se los vuelve a construir en el estudio. Contrariamente, este es un álbum teatral. Los temas ocurrieron tal como se oyen. Si no salían como queríamos, hacíamos otra toma pero nunca sobregrabamos. Evitamos todo el tiempo la tentación de caer en agregar más instrumentos. Es un disco trabajado, pero a la vez no deja de ser primitivo, y esa es una de las mayores riquezas que tiene."
    Piano es una original y sorprendente retrospectiva. Un disco de madurez, pero de madurez verdadera, aquella que no da nada por sentado. "En un primer momento, desconfío de cada paso que doy", declaraba Melero en 1999. "Me gusta la idea de ser un espacio. Cada disco mío requiere una explicación, cosa que ya no querría tener que dar pero que inevitablemente ocurre, producto de mi tipo de trabajo. Pienso que se relaciona con la música. Una buena composición siempre la mido por la administración del silencio: el silencio lo asocio con la posibilidad de sentir el espacio, porque en definitiva el no sonido no existe. A la vez, me doy espacio para dejarme influenciar por ideas de otros y devolverlas transformadas. Me encanta la idea de amplitud. Tal vez por eso me he relacionado con singularidades. Estuve con grupos ultraviolentos y suaves al mismo tiempo, conviviendo con distintos conceptos en conflicto. En ese sentido, no tengo una carrera, tengo una trayectoria y es sinuosa."
    Una trayectoria que se ve representada a la perfección en esos 15, melancólicos, temas, algunos de los cuales ya podrían considerarse clásicos. "Es un disco que se vincula con el drama pero no con el sufrimiento", declara Melero. "Tiene que ver con la sensación de que estar vivo da vértigo. Hay gente de los '80 que fue creciendo con estas canciones y en cierta medida creo que va a despertar en ellos una especie de nostalgia."
    Despojadas de casi todo, esas canciones muestran su nada desdeñable valor; vestidas con elementos atemporales (una voz, un piano), comprueban su permanencia. Y las palabras toman, resueltas, el primer plano: "Mucha gente comenzó a hablarme con respecto a las letras de mis canciones, cosa que antes prácticamente no ocurría," dice Melero. "La gente parecía tomar mis temas como si fueran instrumentales. Me da un poco de miedo decirlo, pero ahora me hablan de la poética de mis canciones... Jamás me consideré un escritor o un poeta, simplemente escribo letras de canciones. No sé si me interesa la poesía como expresión... Hay un momento en que los artistas se hacen famosos y entonces empiezan a contar lo sufrido y aburrido que es convivir con la fama. A mí, como tema, me atrae mucho más el zapato olvidado en algún lugar: ahí hay algo que nos toca a todos, incluidos los famosos. Los temas generales son al mismo tiempo los más personales. Además, tienen la amplitud necesaria como para que cada uno pueda colocar su experiencia en esa situación. Eso le permite al que escucha hacer su propio viaje dentro de la canción. Quiero que las cualidades de aquello a lo que me refiero sean un aporte del oyente. Trato de generar el espacio y las herramientas necesarias como para que el que escucha pueda ir hacia donde quiera dentro del marco del tema".

En 1999 fueron reeditados Travesti y Recolección vacía, adquiribles por separado o juntos en un slipcase llamado Completo Vol. 3.
    Pero la última gran pasión de Melero estaba ya centrada en Internet, un enorme laberinto con un potencial magnífico, imposible de controlar de tan extenso: una tierra de grandes descubrimientos para los curiosos, los sedientos y los hábiles. "En estos últimos días estoy tocando con instrumentos que bajé directamente de Internet a mi computadora," explicaba. "Ni siquiera tengo los teclados conectados: toco directamente con el mouse. Tengo una máquina con un enorme poder de proceso, pero no exploro las zonas del poder sino las de la potencia. Es una idea hi-tec, pero a la vez es primitiva... Tal vez la música ya agotó su poder de modificación y gran parte de los cambios no van a venir de su mano como en otras épocas. La música de a poco se ha ido transformando en un trabajo artesanal que puede despertar un cierto interés o no. Hoy en día, los grandes cambios vienen del uso que se le dé a Internet. Quizás en la red se encuentren las posibilidades de una revolución cultural o de modos de ser en camino. Eso para mí es rock aunque no sea música.
    "Lo que realmente me gusta de Internet es que sea tan anárquica y difícil de regular. No hay ningún tipo de acceso jerarquizado. Todavía todos somos iguales y hay una idea muy rockera que es la de espiar un poco y salir corriendo a hacer lo que viste."
    "Estoy convencido de que el rock de hoy está ocurriendo en una habitación, en manos de tres o cuatro haciendo algo que no imaginamos, y que va a traer consecuencias dentro de un tiempo. Ese es el verdadero estado de rock. Lo que entiendo por rock nunca es masivo. Creo que es elitista, pertenece a una elite de decepcionados, de músicos que no saben para dónde ir y que están buscando un renacer del espíritu de su música; tiene que ver con gente trasnochada que no sabe qué hacer con su vida. El rock tiene que ver con cualquier cosa que pueda ser un problema para lo que sea sistematizado en ese momento. Todavía hay zonas donde eso ocurre. No tanto en el plano de la música, donde parecería que la única manera de evolucionar que tiene el rock es encontrar géneros que pueda mezclar... Internet es lo más rockero que hay en el mundo de hoy. Es un lugar anárquico donde podés tener acceso a información por carriles de hackeo o de acceso abierto. Es uno de los lugares menos regulados que existe, y donde existen más capas de pensamiento nuevo."
   Sus nuevas ideas y pasiones se vieron reflejadas en agosto del 2000 en su disco Tecno (ultrapop): un álbum "de computadora", construido con instrumentos bajados de Internet, cuyo único sonido órganico es la voz de su hacedor. Un disco de techno pop impecable. 

Bajo el nombre de "Vaquero", el ya considerado gurú de las nuevas tendencias editó un álbum en el que no sólo pone el acento en las melodías sino también en la sustancia de las letras, en las que reflexiona sobre el amor, la vida y la necesidad de que cada uno recorra su propio camino y lleve sus sueños adelante. «Es tan tecnológico como "Tecno" un disco diseñado con sonidos virtuales extraídos de Internet, pero sin su lenguaje tecnológico, ya que usé instrumentos y arreglos en estudio, sin ni un solo sintetizador», explicó el músico.

Temas como Tu vida empieza, La vida es caprichosa y Tormenta personal (aquí reluce la guitarra slide de Miguel "Botafogo" Vilanova) no pueden más que alegrar un día con frases como "La voluntad y los sueños sólo valen por tenerlos".

En el año 2002 se edita en Argentina M de Daniel Melero. M es el disco que fue publicado paralelamente a Piano en Chile a través de Warner Music, la única diferencia es que en el país trasandino se conocieron como M1 y M2.

M contiene remixes de la discografía de Daniel Melero a cargo de Trineo, Leandro Fresco, Diego Vainer y el mismo Melero. La particularidad del disco es que contiene una nueva versión del clásico de Los Encargados (grupo pionero en la electrónica argentina), Sangre en el volcán y un track nuevo, Déjate querer.

En 2004 sale Después donde se mezcla el pop, la electrónica ambient y el dub jamaiquino, con bases melódicas en atmósferas densas.

En el año 2005, Daniel Melero lanzó Acuanauta. Para algunos, un disco de estudio pero en realidad el material es presentado como una obra ambient.

Mediante una interface, el usuario puede navegar por diversos paisajes marinos al tiempo que escucha los doce tracks. Acuanauta no se consigue en formato de disco sino que se puede descargar en forma gratuita de Internet.

¿Cuál es el lugar de Melero en el rock argentino? Nadie mejor que él mismo para darnos una pista: "Básicamente, creo que no encajo, y es algo que se han esmerado en señalar. Si ocupo un lugar, es el de alguien que dice que existen otros caminos, que existen otras formas. Pero, ¿no debería ser todo el rock así? En realidad, deberían preguntarles a los demás por qué no son diferentes, porque para mí el rock está hecho de diferencias. Hay gente que me dice, como cuestionamiento: ¿Cómo hacés un disco así, y después otro tan distinto? Pero la verdadera objeción sería: ¿Cómo no se le pregunta a un artista por qué hace seis discos iguales? Si esa es la escala de lo que está bien, yo debo encarnar el mal. Pero tengo la impresión de que la escala es otra."
    No es osado decir que Melero es uno de los músicos más importantes de la Argentina en este momento; no, al menos, si pensamos en su verdadera importancia: Melero encarna la diferencia y la duda como ningún otro. "Desconfío de todo aquello que fue reducido a técnica como mecanismo en estado puro para producir una idea interesante," declara. "Siempre lleva al pasado y retrotrae. La técnica es una degradación de algo que en un primer momento fue artístico y no se sabía muy bien a qué respondía y que luego fue medido. La falta de técnica ha sido uno de los disparadores de mi originalidad, si es que está bien hablar de originalidad. Y en parte es lo que me ha colocado en este lugar incierto del mercado. Con los años, inevitablemente, fui conociendo las notas y algunas cosas de armonía, pero me esmeré mucho en tratar de no ejercitarme. Soy una persona que no puede poner más de tres dedos sobre el teclado y trato de conservar ese estado porque de alguna manera me sorprende y me mantiene libre de prejuicios. Evidentemente eso es una técnica, pero es personal.
    "Creo en el modelo personal de trabajo. Cuando era muy chico leí una nota en la revista Pelo. No sé si era una nota o una frase suelta que supongo que era falsa porque estaba firmada por Einstein. Decía que todos tienen que ser su propio modelo, aunque ese modelo sea un monstruo."